Volumen XIX — Nº 77
Enero/Febrero 2008
Dossier: "ADICCIONES"
  • Coordinación: Alexis Mussa, Martín Nemirovsky

El consumo de sustancias está ligado a la historia del ser humano. La potencialidad adictiva es una condición del ser humano, posible de ser desarrollada en cualquier tipo de estructura de personalidad, pudiendo coexistir con los más diversos cuadros psicopatológicos. La preocupación por las adicciones va en aumento, incluyendo la preocupación por entender los fenómenos que contribuyen a ellas y que, a su vez, son modificados por ellas. Estos fenómenos se han asociado históricamente con factores personales y familiares, habiéndose extendido posteriormente al contexto social, alcanzando más recientemente el ámbito legal. Dicho de otro modo, los factores que intervienen son cada vez mayores y más complejos, mientras que el rol del psiquiatra resulta, por ello, cada vez más complicado.

El consumo excesivo de sustancias psicoactivas lícitas e ilícitas es una situación que excede largamente el abordaje específico por parte de cualquier agente de salud, constituyendo un problema severo relacionado con la salud pública, con considerables costos psicológicos, físicos y sociales. Las adicciones han desbordado la capacidad de comprensión y abordaje de las distintas disciplinas que de ellas se ocupan. Las condiciones psicosociales cada vez más complejas y la edad de inicio en el consumo cada vez más temprana agravan aún más el panorama.

¿Cuál es el rol de los psiquiatras? ¿Es el que debería ser? La encrucijada epistemológica en la que se encuentra la psiquiatría, en parte producto de esa particular articulación de ciencias humanas y naturales, conduce a la dificultad para establecer los alcances del propio campo de pertenencia en una, ya de por sí, resbaladiza e inasible situación clínica. En un artículo reciente, el Profesor Stagnaro enunciaba una de las dicotomías en las que nos encontramos los psiquiatras: agentes de cambio o guardianes sociales. Podemos sumar otra inquietud: los que nos dedicamos a la psiquiatría, ¿cuánto disfrutamos atendiendo a pacientes con las características de un adicto?, o directamente, con una visión menos romántica, ¿cuántos psiquiatras evitan trabajar con pacientes con ésta problemática?. Los fuertes sentimientos contratransferenciales, la frustración repetida, la falta de compromiso terapéutico, las habituales mentiras, el justificado miedo a las consecuencias legales conducen a una peligrosa ausencia de marco terapéutico adecuado. Marco imprescindible al intentar desarrollar esta tarea, para poder brindar asistencia y seguridad, tanto al paciente como al profesional tratante. Ninguna persona, si puede elegir, desea experimentar soledad, frustración y sentimientos de inutilidad. Y nos referimos a los profesionales.

Veamos un caso paradigmático: un hombre joven, dependiente de cocaína, presionado por familiares temiendo un desenlace lamentable, concurre a una entrevista con un psiquiatra. Quiere tratarse, pero a su manera Esta manera resulta inaceptable para el psiquiatra, quien le indica una internación. Amenaza el sujeto con tomar medidas violentas contra quien quiera internarlo No acepta la internación y los preocupados familiares se niegan a realizar una intervención judicial por temor a represalias físicas por parte del “paciente”. Retomando, ¿Qué debería hacer el psiquiatra? ¿Qué hacemos los psiquiatras actualmente con una persona de estas características? Por momentos, pareciera que a los agentes de Salud Mental no nos alcanza con cumplir con las obligaciones éticas y legales de nuestra profesión.

Otra situación dilemática ocurre para el psiquiatra al observar la tendencia creciente a utilizar a las sustancias psicoactivas de manera indisoluble a las actividad recreativa por parte de los jóvenes. Siempre flota la pregunta acerca de la pertinencia de un tratamiento psicológico o psiquiátricos en estos casos. Clásicamente al evaluar a un paciente joven consumidor de sustancias, podíamos encontrar habitualmente aspectos disfuncionales personales o en el seno familiar relacionados de alguna manera con el consumo. Actualmente, es difícil afirmar lo mismo. El enorme crecimiento y difusión de sustancias psicoactivas legales o ilegales sumada a una “despenalización” social entre los jóvenes, han logrado introducir el consumo en los más diversos contextos sociofamiliares.

Sin intentar ocuparnos de la pertinencia de la legalización de las sustancias (por otra parte, ¿quién o quiénes están capacitados como para hacerlo?), ¿qué determina que existan sustancias legales y otras ilegales? En ocasiones, el carácter ilegal parecería indicar la necesidad de un tratamiento. De la misma manera que una persona que toma un vaso de vino con las comidas no realiza tratamiento, nos preguntamos si aquellas personas ocasionalmente consumidoras de marihuanas o pastillas, necesitan tratamiento psicológico o psiquiátrico. Una respuesta negativa no parece fácil de explicar a preocupados padres o a ciertos sectores de la sociedad.

En este dossier, profesionales vinculados con el estudio y tratamiento de las diversas adicciones, nos brindan un amplio y profundo panorama acerca de la dependencia a sustancias y proporcionan información práctica, de una manera reflexiva, acerca de este complicado y, la mayor parte de las veces, frustrante cuadro. Presentamos una serie de trabajos que abarcan diversos aspectos de las adicciones con la intención de los lectores puedan realizar una integración personal ayudados por estos aportes científicos.

En un estudio realizado en una zona de extrema pobreza, el Dr. Hugo Míguez identificó la prevalencia del consumo de pasta base de cocaína, asociándose directamente el mayor consumo de esta sustancia con las mayores carencias, mostrando el desplazamiento de los grupos vulnerables a los límites de la supervivencia social.

Los Dres. Luis Herbst y Aníbal Goldchluk realizan una completa y actualizada revisión acerca de los controvertidos efectos psiquiátricos permanentes que pueden sufrir los ex abusadores de marihuana o de estimulantes. La controversia sobre los supuestos daños que generarían estas sustancias no está definida.

Los Dres Leandro Oural, María Victoria Paris, Oriana Sullivan, Martina Polach, Federico Pavlovsky y José Capece nos hacen una puesta al día sobre los fármacos utilizados para tratar el alcoholismo. Probablemente una de las adicciones más prevalentes en nuestro país.

Las Dras. Silvia Cortese y Marina Risso, Especialistas en Toxicología, describen el síndrome de retiro de opiáceos, clasificando a las distintas poblaciones capaces de presentarlo, describiendo las metas del tratamiento y caracterizando a los programas de desintoxicación.

El Dr. José Capece plantea, desde la perspectiva cognitiva, estrategias psicoterapéuticas utilizadas en el tratamiento del trastorno por dependencia de sustancias. Resume también las problemáticas relacionadas con el modelo de enfermedad, la alianza terapéutica, la ilegalidad, el objetivo del tratamiento, la medicación, las ideologías y las implicancias para las intervenciones sociales.

El Dr. Esteban Toro Martínez, Psiquiatra Forense, reseña los aspectos jurídicos de la ley de la ley de estupefacientes promulgada el 11 de octubre de 1989, incluyendo conocimientos psico-psiquiátricos como así también los principios teóricos básicos subyacentes y las principales discusiones acerca de los mismos.

El Dr Bruno. Bulacio, Doctor en Psicología y Docente en Drogadependencia y Criminología, nos brinda su testimonio del recorrido que ha realizado como formador de profesionales, supervisor de programas y servicios y como responsable de iniciativas y proyectos vinculados a las investigación en este campo a lo largo de más de 30 años.