Nº111 - Volumen XXIV
Septiembre/Octubre 2013
Dossier: “DOLOR”
  • Coordinadores: Martín Nemirovsky - Daniel Vigo

Como veremos en este dossier, el dolor es un fenómeno clínico habitual en la población general, y resulta uno de los motivos más frecuentes de consulta médica (5). La definición provista por la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor -el dolor como experiencia sensorial y emocional displacentera asociada con un daño real o potencial a los tejidos, o bien descrita en términos de tal daño (4)- resulta un punto de partida interesante, porque ubica a la cuestión del dolor en el borde mismo en que se asientan la psiquiatría y la psicología como disciplinas humanas: en tanto que fenómeno de discurso, el dolor se inmiscuye entre el espíritu y el cuerpo, en ese pliegue conceptual en que Freud ubica a la pulsión; en esa discontinuidad que Lacan denomina falla epistemo-somática, y que el discurso científico actual busca suturar con el progreso fulgurante de la neurociencia cognitiva (1, 3, 6). Lacan se permite decir: “Incontestablemente, hay goce en el nivel donde empieza a aparecer el dolor, y sabemos que es sólo a ese nivel del dolor que puede experimentarse toda una dimensión del organismo que de otro modo permanece velada” (6). Además de habitar la falla entre el cuerpo y el espíritu, el dolor produce una disyunción también en el cuerpo mismo, ¿cómo podemos entender esa nueva dimensión del organismo, que sin el dolor permanece velada?

Siguiendo a Juan Carlos Stagnaro podemos orientarnos por una distinción de la fenomenología: por un lado está el körper, el cuerpo que tengo, mecánico, derivado de la res extensa de Descartes. Con este körper me relaciono en tanto que me pertenece y que de él busco servirme. Siguiendo en el campo de la fenomenología, ahora de la mano de Jaspers, para iluminar el funcionamiento de este cuerpo podemos recurrir al mecanismo de erklaren, a la búsqueda de explicaciones causales que nos aproximen a un saber universalizable sobre ese cuerpo. Sin embargo, allí donde aparece ese dolor habitado por el goce, el cuerpo pasa a ser leib, el cuerpo que soy: surge el cuerpo vivido, sufrido y gozado. “Es el cuerpo del viejo que se presentifica en los dolores de la máquina usada, el cuerpo del orgasmo, el cuerpo enfermo que duele o adolece de algún malestar. En ese momento se une, en la vivencia, el cuerpo y yo, él es mi mismidad” (7). Para comprender a este cuerpo debemos recurrir no ya a la erklaren sino a la verstehen, a la comprensión empática de la experiencia del otro.

Entre estos dos registros oscilan las preocupaciones parcialmente reflejadas en los artículos de este dossier: buscamos rastrear lo que el fenómeno del dolor humano tiene de universalizable en el marco del discurso científico, sin descuidar el registro clínico en el que todo acontecer pasa por la singularidad de un discurso encarnado en alguien que lo trae y alguien que lo aloja.

Concentrándonos en el plano de la clínica psiquiátrica, encontramos al dolor como componente ubicuo: a veces en un rol protagónico (las consultas por “algias” múltiples sin correlato somático que vemos frecuentemente en los clásicos síndromes depresivos y ansiosos, en la más joven -y controvertida- fibromialgia, en las consecuencias psíquicas devastadoras del dolor crónico, con o sin correlato anatómico) y otras veces como un componente secundario pero relevante de un síndrome clínico que puede exigir un abordaje sintomático específico.

Podría pensarse que dada la relevancia clínica y epidemiológica del tema, sumada a su complejidad intrínseca en términos conceptuales, la psiquiatría y la psicología deberían tener un rol protagónico en la investigación y el tratamiento de cuestiones ligadas al dolor. Y por otro lado, que el dolor debería tener un rol destacado en el currículo de formación de ambas disciplinas. Sin embargo, más allá de honrosas excepciones, el dolor está relativamente ausente en la formación de médicos psiquiatras y psicólogos clínicos; y al menos cuantitativamente, quienes se dedican al tratamiento del dolor suelen provenir de otros campos de la medicina, particularmente la anestesiología, la neurocirugía, la neurología, la traumatología y la clínica (2).

Entendemos que este dossier permitirá aportar a la visibilización y al debate del dolor como fenómeno clínico complejo, a la vez consecuencia y causa de sufrimiento psíquico, apuntando a producir un impacto deseable en la calidad de atención que brindamos a nuestros pacientes, una de cuyas voces se suma al esfuerzo por comprender.

Referencias bibliográficas
  1. Bennet M, Dennet D, Hacker P, Searle J. La naturaleza de la conciencia. España: Paidós: 2008.
  2. Elman I, Zubieta JK, Borsook D. The missing P in psychiatric training. Arch General Psych 2011; 68 (1): 12-20.
  3. Freud S. Obras Completas. Tomo XIV. «Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico». Trabajos sobre metapsicología, y otras obras (1914-1916). 2a ed. Buenos Aires: Amorrortu editores; 2000.
  4. IASP, Task Force on Taxonomy. Part III: pain terms, a current list with definitions and notes on usage. In: Merskey H, Bogduk N, editors. Classification of chronic pain. 2nd ed. Seattle: IASP Press; 1994. p. 209-14. Available from: http://www.iasp-pain.org/Content/NavigationMenu/GeneralResourceLinks/PainDefinitions/default.htm.
  5. Kroenke K, Mangelsdorff AD. Common symptoms in ambulatory care: incidence, evaluation, therapy and outcome. Am J Med 1989; 86 (3): 262-266.
  6. Lacan J. Psicoanálisis y medicina. En: Lacan J. Intervenciones y textos I. Buenos Aires: Manantial; 1985.
  7. Stagnaro, JC. Comunicación personal.