Nº110 - Volumen XIV - Julio/Agosto 2013
Dossier: “SEXOLOGÍA Y PSIQUIATRÍA”
  • Coordinadores: Patricio Alba - Alexis Mussa

La sexualidad humana es dinámica y cambiante, está presente en todas las etapas de la vida, se construye continuamente por la mutua interacción del individuo y las estructuras sociales, el entorno y la cultura.

Para la Organización Mundial de la Salud, el término “sexualidad” se refiere a una dimensión fundamental del hecho de ser un ser humano: basada en el sexo, incluye al género, las identidades de sexo y género, la orientación sexual, el erotismo, la vinculación afectiva y el amor, y la reproducción. Se experimenta o se expresa en forma de pensamientos, fantasías, deseos, creencias, actitudes, valores, actividades, prácticas, roles y relaciones. La sexualidad es el resultado de la interacción de factores biológicos, psicológicos, socioeconómicos, culturales, éticos y religiosos o espirituales.

Los inicios científicos en sexualidad tuvieron lugar a finales del siglo XIX y principios del XX, siendo sus pioneros Richard Freiherr von Krafft-Ebing, Magnus Hirschfeld, Henry Havelock Ellis, Albert Moll, Iwan Bloch y Sigmund Freud. El psicoanálisis marcó una diferencia entre su concepción de la sexualidad, entendida no sólo como las funciones y el placer que dependen del aparato genital, sino como toda una serie de actividades y excitaciones, presentes desde la infancia, que procuran un placer irreductible para la satisfacción de una necesidad fisiológica fundamental (respiración, hambre, funciones excretorias, etc.) y que se encuentran como componentes normales del amor sexual.

Restringiendo la noción de sexualidad a la actividad genital, Bloch propuso en 1907 darle un nombre al estudio de las ciencias de la sexualidad: Sexualwissenschaft, que dio origen a lo que hoy llamamos sexología. Magnus Hirschfeld fundó en 1919 en Berlín el primer instituto de sexología a nivel mundial Institut für Sexualwissenschaft (Instituto de sexología). Pero fue en la última mitad del siglo XX donde comenzaron los mayores aportes en relación al comportamiento y funcionamiento sexual, sus disfunciones y posibles tratamientos. Las contribuciones más importantes que formaron las bases de la sexología actual vinieron de la mano de Alfred Kinsey, y su informe sobre el comportamiento sexual de hombres y mujeres; William Masters y Virginia Johnson, quienes por primera vez en la historia estudiaron las reacciones sexuales humanas en un laboratorio y fundaron las bases de la terapia sexual; y Helen Kaplan, referente en los años sesenta en terapias psicosexuales, al integrar las intervenciones conductuales con abordajes psicodinámicos y relacionales ante la aparición de resistencias en el tratamiento.

Ha sido en las últimas dos décadas que comenzó a darse cada vez más importancia a la sexualidad en materia de salud y en los derechos a una sexualidad plena, libre y responsable. En 1997, en el 13° Congreso Mundial de Sexología realizado en Valencia, se formuló la Declaración Universal de los Derechos Sexuales, en la cual se declara que “la sexualidad es una parte integral de la personalidad de todo ser humano y se construye a través de la interacción entre el individuo y las estructuras sociales y que para el desarrollo pleno de la sexualidad es esencial para el bienestar individual, interpersonal y social”; y para asegurar esto es necesario defender los derechos tales como el derecho a la libertad sexual, a la privacidad, a la equidad, al placer, a la información basada en el conocimiento científico, a la educación sexual. En el año 2000, la Organización Mundial de la Salud, junto con la Organización Panamericana de la Salud, y en colaboración con la Asociación Mundial de Sexología, publicaron el documento Promoción de la Salud Sexual, en el cual se evalúan las estrategias de promoción de la salud sexual y el papel del sector salud en la consecución y mantenimiento de la salud sexual. En dicha publicación se da una definición de salud sexual: “La salud sexual es la experiencia del proceso permanente de consecución de bienestar físico, psicológico y sociocultural relacionado con la sexualidad”. La salud sexual se observa en las expresiones libres y responsables de las capacidades sexuales que propician un bienestar armonioso personal y social, enriqueciendo de esta manera la vida individual y social; no se trata simplemente de la ausencia de disfunción o enfermedad o de ambos. Para que la salud sexual se logre es necesario que los derechos sexuales de las personas se reconozcan y se garanticen. Incluye también una propuesta sobre las características de una persona sexualmente sana y sobre una sociedad sexualmente sana, la cual debe proteger la salud sexual mediante el compromiso político, con políticas claras y explícitas destinadas a la protección y promoción de la salud sexual y asegurar el acceso a educación sexual integral. Se reconoce la necesidad de implementar estrategias y acciones en relación a equidad e igualdad sexual, salud reproductiva, violencia sexual y enfermedades de transmisión sexual. Además se pone de manifiesto la importancia de reconocer la necesidad de abordar las preocupaciones sexuales, las disfunciones y los trastornos sexuales, para así, mejorar significativamente la salud y el bienestar de una población. En el 2009, la Asociación Mundial de Salud Sexual publica el documento Salud Sexual para el Milenio, en el cual plantea ocho metas que comprenden integralmente la promoción de salud, las dificultades que se presentan y las acciones necesarias para alcanzarlas. Estas metas son: 1) Reconocer, promover, garantizar y proteger los derechos sexuales para todos; 2) avanzar hacia la igualdad y la equidad de género; 3) condenar, combatir y reducir todas las formas de violencia relacionadas con la sexualidad; 4) proveer acceso universal a la información completa y educación integral de la sexualidad; 5) asegurar que los programas de salud reproductiva reconozcan el carácter central de la salud sexual; 6) detener y revertir la propagación de la infección por el VIH y otras infecciones de transmisión sexual; 7) identificar, abordar y tratar las preocupaciones, las disfunciones y los trastornos sexuales; 8) lograr el reconocimiento del placer sexual como un componente de la salud y el bienestar total.

Ante esto, como profesionales de la salud, es necesario comenzar a reconocer las necesidades, inquietudes y dificultades en relación a la sexualidad, a fin de garantizar el acceso a la información y a las intervenciones que se requieran en cada caso para dar solución a cada problemática particular. Es objetivo de este dossier ofrecer una serie de artículos, que nos inviten a pensar en relación a la sexualidad desde varias perspectivas.

El primer artículo a cargo de Adrián Sapetti, nos ofrece una actualización sobre la eyaculación precoz, desde un enfoque clínico. Siendo esta disfunción una de las consultas sexológicas más frecuentes, se revisan sus definiciones, manifestaciones clínicas y las diferentes alternativas terapéuticas tanto psicoterapéuticas como farmacológicas.

Como contrapartida, Marta Rajtman reseña a continuación los trastornos sexuales más frecuentemente observados en la práctica clínica. Pone especial énfasis en los trastornos del deseo sexual, de la excitación, del orgasmo y, también, los relacionados al dolor sexual y la aversión al sexo. Además de una reseña sobre los aspectos biológicos relacionados con la sexualidad femenina, enumera las distintas estrategias terapéuticas.

Patricio Alba y Mariana Kes nos muestran a la sexualidad en los trastornos de la conducta alimentaria. Considerando que varias investigaciones avalan que la imagen corporal y la percepción del propio cuerpo son un componente esencial en las experiencias de la sexualidad, especialmente en la sexualidad femenina; en este artículo se aborda la relación y la influencia de la imagen corporal en la sexualidad femenina, así como la sexualidad en mujeres con un trastorno de la conducta alimentaria.

A continuación, Andrés Flichman relaciona en su trabajo a la ansiedad y sus trastornos con la sexualidad, describiendo las complejas relaciones existentes entre los distintos tipos de ansiedad y su impacto en la sexualidad, y recordándonos que tanto la sexualidad como la ansiedad son universos vastos y controvertidos, siendo la relación entre ellas una dupla aún más difícil de abordar.

Carlos Seglin, desde su perspectiva de pediatra y sexólogo clínico, revisa las diferentes modificaciones biológicas, psicológicas y sociofamiliares que ocurren durante las diferentes etapas de la adolescencia, caracterizando cada momento evolutivo en sus distintos momentos evolutivos, al tiempo que recorre los aspectos más relevantes en las consultas de los adolescentes y sus padres.

Finalmente, Daniel Matusevich, a partir del análisis de algunos pasajes de la novela “El animal moribundo” del autor americano Philip Roth, examina aspectos de la relación entre genitalidad, sexualidad y narcisismo en la vejez.