VERTEX - Revista Argentina de Psiquiatría
  Volumen XXI - Nº 91
Mayo/Junio 2010


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  • SUMARIO:
    • REVISTA DE EXPERIENCIAS CLÍNICAS Y NEUROCIENCIAS

      • Descompensaciones conductuales puberales en pacientes con Trastorno Generalizado del Desarrollo
        Nora Grañana, Paulo Taddeo, Pía Espoueys, Claudia Nazer      Leer Resumen

      • Entrenamiento en detección de trastornos bipolares para psicólogos y médicos generalistas: reporte de una experiencia piloto
        Sergio Adrián Strejilevich, Mariana Urtueta Baamonde, Diego Javier Martino, Lila Perinot, María Scápola Moran, Francesc Victoriano Colom     Leer Resumen

    • Dossier: “DIAGNOSTICO Y DIAGNOSTICOS DIFERENCIALES EN SALUD MENTAL”
      Coordinación: Santiago Levin, Alexis Mussa, Silvia Wikinski     Leer Resumen

      • Apuntes para un análisis epistemológico de algunos problemas de la psiquiatría contemporánea
        Santiago A. Levín     Leer Resumen

      • La evolución del diagnóstico Borderline: pasado, presente y futuro
        Daniel Matusevich, Martín Ruiz, María Carolina Vairo     Leer Resumen

      • Los diagnósticos diferenciales de la histeria en los desfiladeros de la psiquiatría moderna
        Gustavo Lipovetzky, Martín Agrest     Leer Resumen

      • Diagnóstico diferencial entre el trastorno límite de la personalidad y el trastorno bipolar
        Luis Herbst     Leer Resumen

      • Desinhibición en Psicogeriatría: "Diagnóstico diferencial de la demencia fronto-temporal"
        Carol Dillon, Ricardo F. Allegri     Leer Resumen




  • EDITORIAL
    La publicación del borrador de la quinta versión del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM) de la American Psychiatric Association ha tenido una importante repercusión en diversos ámbitos de nuestra especialidad. El profesor Allen Frances del Departamento de psiquiatría de la Escuela de Medicina de la Universidad Duke, uno de los responsables de la versión IV, actualmente vigente de ese Manual, emitió, al igual que otros especialistas en el tema, un comentario sumamente crítico respecto de la tarea que viene desarrollando el equipo que se ocupa de la nueva edición de esa obra.

    Lo importante de esas opiniones, además de sus agudas observaciones, es que surgen del núcleo mismo de los defensores del DSM y son reconocidas figuras de la psiquiatría del país en el que se concibió la clasificación. Los contenidos, hasta fecha muy reciente, del borrador en cuestión, estuvieron celosamente reservados hasta el punto de exigir a los miembros de la fuerza de trabajo del DSM V que firmaran una declaración de confidencialidad que los inhibía de cualquier comentario público del avance de sus trabajos sin previa autorización. Por diversas presiones, finalmente, se decidió publicarlos.

    Frances y otros especialistas denunciaron severas dificultades y errores metodológicos en la técnica de redacción del texto, aislamiento -a causa del secreto empleado durante su concepción- de los miembros del grupo de trabajo respecto de los ámbitos clínicos, modificaciones inexplicadas de diversos parámetros como la disminución de sub-criterios en los criterios politéticos que definen ciertos trastornos, banalización de la sintomatología que aproxima a conductas hasta ahora calificadas como normales convirtiéndolas en patológicas con el consiguiente riesgo de incrementar diagnósticos en forma abusiva aumentando erróneamente los falsos positivos, etc., etc. La lista de críticas, que no tenemos espacio para tratar aquí, es tan numerosa como preocupante.

    Además, si se mantuviera la fecha del 2013 para la publicación de la nueva versión del DSM se corre el riesgo de no tener el tiempo suficiente para generar un producto serio y apto suficientemente contrastado y consensuado en estudios de campo. Pareciera a la lectura del borrador mencionado que se ha priorizado la proliferación de nuevos trastornos por sobre una equilibrada validez de los criterios que los definen. La necesidad de contar con una clasificación psiquiátrica dotada de una validez clínica discriminante y predictiva y de una capacidad de fiabilidad interjueces confiable es evidente e ineludible; tanto para la epidemiología y la investigación, como para orientar la terapéutica y el pronóstico de los trastornos mentales en la tarea clínica.

    La actual orientación de los trabajos del DSM V, en lugar de acercarnos a ese objetivo parecen alejarnos del mismo, y esa clasificación, como venimos señalándolo desde hace más de una década, antes que ir tornándose más coherente y precisa tiende a desagregarse y a acumular nuevas aporías. A pesar de su amplia difusión y penetración cultural ¿no estará cercana la hora de prescindir de su utilización? ¿No será más conducente, ser fieles a la normativa que debe regir en nuestro país, en tanto firmante de los protocolos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), y comenzar a volcar nuestro interés central en los criterios del Capítulo V de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE), difundiendo su utilización en nuestro medio como guía rectora de nuestra especialidad? Tal como se está haciendo desde la Asociación de Psiquiatras Argentinos (APSA), es promisorio que los especialistas locales se involucren con su aporte de experiencia y conocimientos en la confección de la CIE 11 una nosografía más plástica, intercultural y confiable para orientar nuestra labor en el futuro.

    Juan Carlos Stagnaro