VERTEX - Revista Argentina de Psiquiatría
  Volumen XX — Nº 87
Septiembre/Octubre 2009


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  • SUMARIO:
    • REVISTA DE EXPERIENCIAS CLÍNICAS Y NEUROCIENCIAS

      • Patrones culturales de la alcoholización social en estudiantes bonaerenses
        Hugo A. Míguez     Leer Resumen

      • El futuro de la depresión: una enfermedad sistémica neuroendócrina, inflamatoria y neurodegenerativa compleja
        Luiz Dratcu      Leer Resumen

      • Epistemología de la época actual y saber psiquiátrico. Las características de la modernidad tardía: post e hiper
        Juan Carlos Fantin     Leer Resumen

    • Dossier: “CRONICIDAD EN PSIQUIATRIA”
      Coordinación: Luis Herbst, Santiago Levín, Daniel Matusevich      Leer Resumen


      • De la estabilización sintomática a la recuperación funcional en el tratamiento farmacológico de la Esquizofrenia y la Depresión Unipolar
        Silvia Wikinski     Leer Resumen

      • Avatares de la Cronicidad: políticas, instituciones, dispositivos y terapeutas
        Gustavo Pablo Rossi      Leer Resumen

      • Entrevista a Norberto A. Conti
        por Santiago A. Levín     Leer Resumen

      • Una hipótesis acerca de la construcción social de la demencia
        Daniel Matusevich     Leer Resumen

      • El concepto de cronicidad y su impacto en la clínica
        Luis Herbst     Leer Resumen




  • EDITORIAL
    En la población general la percepción social de la enfermedad mental está sesgada por el desconocimiento y la desinformación, e influye en el aislamiento de las personas que la padecen, poniendo barreras a su recuperación. Esa es la cruda realidad del estigma de la enfermedad mental, sustentado en prejuicios y causante de discriminación social, que se debe combatir por injusta, cruel y por no tener base científica.

    Las estadísticas mundiales muestran que una de cada cuatro personas padecerá una enfermedad mental a lo largo de su vida. Los especialistas sabemos que, en la gran mayoría de casos, la superará y en otros, si bien la enfermedad perdura, el paciente, con ayuda de familiares, amistades y profesionales, será capaz de afrontar su situación. En el segundo caso puede tratarse de un proceso largo y doloroso, no sólo por el sufrimiento que impone la patología, sino por la imagen negativa, estigmatizante, que pesa sobre las personas con enfermedad mental. Gran parte del sufrimiento que padecen estas personas tiene su origen en el rechazo, la marginación y el desprecio social que tienen que soportar, y no en la enfermedad en sí misma.

    Los medios de comunicación, especialmente con artículos que tratan sobre la enfermedad mental sin tener en cuenta ese fenómeno de exclusión o a través de noticias que ligan los significantes de la locura con crimen y violencia también contribuyen a reflejar y, por ende, mantener esas creencias erróneas en la población general.

    Desmantelar el estigma de la conciencia colectiva parece una tarea tan difícil como terminar con las instituciones organizadas bajo una forma manicomial de encierro. Además de las campañas de sensibilización, la atención en la comunidad con servicios sanitarios y sociales de calidad, y sobre todo el contacto directo y en lugares normales de vida con las personas afectadas, parecen ser las estrategias más eficaces para luchar contra el estigma.

    Es necesario que nos cuestionemos la visión que poseemos de la enfermedad mental y nuestras actitudes con quienes la padecen. Esta recomendación que todos los especialistas suscribirían para orientar la opinión de los legos ¿Le podría caber a ellos? Aún cuando se considera que los expertos están al abrigo del prejuicio del estigma cabe preguntarse si los psi no tenemos aún múltiples barreras que superar. Hay opiniones que señalan que las mismas concepciones y criterios nosográficos, así como las consideraciones de resistencia a los tratamientos demasiado basados en recursos farmacológicos, deslizan nociones que terminan, por vías indirectas, reforzando la posibilidad de estigmatizar a los portadores de ciertos diagnósticos ¿No es acaso fuente de estigmatización el diagnóstico focalizado en la patología y no a la persona? ¿No está vinculado el estigma con los tratamientos interminables? ¿Cuándo y en base a qué criterios damos un alta? ¿A qué definición operativa de recuperación de la salud adscribimos?

    Junto a la necesidad de una mayor y mejor toma de conciencia de la población respecto a las enfermedades mentales y su posible tratamiento, y todas las maniobras de sensibilización en las que deberían colaborar activamente los medios de comunicación, los especialistas deberíamos revisar las concepciones y juicios de valor que orientan, bajo apariencia de opinión basada científicamente, nuestras prácticas y estructuras asistenciales y nuestras herramientas clínicas y terapéuticas.

    Juan Carlos Stagnaro - Dominique Wintrebert