VERTEX - Revista Argentina de Psiquiatría
  Volumen XI— Nº41
Septiembre/Octubre/Noviembre 2000


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  • SUMARIO:
    • Dossier: “GENERO Y PSIQUIATRIA”

      • Orígenes históricos del concepto de género en la cultura occidental
        N. A. Conti      Leer Resumen

      • Sexo: aspectos biológicos de una variable compleja
        V. E. Horigian      Leer Resumen

      • Marihuana y población femenina de 12 a 15 años
        H. Míguez      Leer Resumen

      • Algunas consideraciones acerca del género y la psiquiatría
        D. Matusevich      Leer Resumen

      • Morbilidad psiquiátrica en mujeres con aborto inducido ilegal
        L. Ramírez Restrepo, B. Palacio Urteaga, L. Jaramillo Salazar      Leer Resumen

      • Transexualismo y estructura
        D. Wintrebert      Leer Resumen




    • Introducción

      Los estudios de género tienen su origen histórico en los movimientos de reivindicación de los derechos de la mujer comenzados en la primera mitad del siglo XX y mundialmente conocidos como movimientos feministas. La característica descollante de los mismos ha sido, y es aún hoy, su intensa militancia política en defensa de la mujer y la denuncia de las desigualdades a favor de los varones en todos los planos de la vida social. Muchas veces el discurso feminista ha rozado una prédica reaccionaria basada en una ideología androfóbica que, en lugar de destacar la mirada femenina acerca del mundo, ha intentado borrar las diferencias intrínsecas a la condición humana para arrojar a la mujer a una alienante carrera en búsqueda de lugares y jerarquías organizados y sancionados desde una cosmovisión masculina (en este sentido es interesante el paralelismo que se puede trazar entre este intento y la exigencia a la psicología y la sociología por parte del positivismo lógico de expresarse en términos físico-matemáticos para alcanzar estatus científico; exigencia francamente paradojal ya que desnaturaliza a esas disciplinas para poder legitimarlas).

      Ahora bien, en el mismo núcleo generador del pensamiento feminista se origina una vertiente de desarrollo académico que con un inapelable fundamento epistémico se expande en los últimos veinte años tratando de mostrar y demostrar que aquello que consideramos la organización natural y social del mundo es sólo una organización posible, la organización legitimada por la mirada masculina de la realidad (No es casual que esta crítica a la mirada oficial entendida como masculina se desarrolle poderosamente en el actual contexto que abarca desde las nociones de muerte de dios, época del fin de la metafísica y desarrollo del pensamiento débil hasta el respeto por las minorías étnicas y sexuales en los países desarrollados).

      Esta concepción no es una novedad intelectual de cara sólo al ámbito académico. En efecto, sostener que el conocimiento establecido, las formas de socialización y lo sancionado como normal o patológico (por nombrar algunas organizaciones discursivas y ético-conductuales de las muchas posibles de analizar en el plano de la cultura humana) se legitiman desde una perspectiva posible, pero no única, y que ésta es masculina y dominante obliga a un sin número de replanteos no menores, como por ejemplo el concepto de salud de la mujer, la epidemiología psiquiátrica femenina, la medición de estándar intelectual, la relación médico/a-paciente, etc.

      Otra concepción en torno a esta problemática que, por controvertida, resulta importante destacar es la expresada en el American Journal of Psychiatry de diciembre de 1997 en su nota editorial firmada por su directora la Dra. Nancy Andreasen(1). Allí la autora centra su atención en dos aspectos. En primer lugar, que en la actualidad existe una preferencia por parte de los investigadores para enfatizar las diferencias entre los sexos minimizando las posibles similitudes, las cuales, a su entender, no tendrían atractivo para la comunidad científica. En segundo lugar, que los estudios que examinan las diferencias entre los géneros en prevalencia de enfermedades, biología del cerebro y habilidades mentales deben basarse en interpretaciones muy cuidadosas y con una base científica muy firme. El horizonte de construcción de estas dos aseveraciones es una tan innegable como velada indiferenciación epistemológica entre los conceptos de sexo y género. Al respecto cabe retomar a Dio Bleichmar cuando plantea que "... lo que el concepto de género pone de manifiesto con nitidez, tanto en su origen como en su estructura, es la naturaleza psicosocial de la feminidad/masculinidad , naturaleza bifronte como testimonian las nociones de identidad y rol de género. El género es tanto un rol como una identidad, un conjunto de prescripciones y prohibiciones para el ejercicio de una conducta, así como un sentimiento del ser que se reconoce —femenino o masculino— para desempeñar las actividades y conductas propias a su condición, y es reconocido por los otros en tanto se ajuste a ese desempeño esperado"(2).

      El desconocimiento de esta diferencia nos empuja inevitablemente hacia un reduccionismo sustentado en una visión positivista de la producción científica que se apoya casi exclusivamente en un paradigma biológico como matriz conceptual explicativa de la realidad circundante, descartando la producción de discursos interdisciplinarios que capitalicen los aportes de la antropología, la sociología, la historia y la filosofía.

      Con este Dossier deseamos contribuir a sentar las bases de un rico y fructífero debate en la psiquiatría argentina alrededor de este tema tan controvertido como imprescindible; para ello ofrecemos a nuestros lectores una selección de artículos que pueden servir como punto de partida para pensar las complejas relaciones entre género y psiquiatría.

      Norberto Conti, Daniel Matusevich



      Referencias bibliográficas
      1. Andreasen, N., What Shape Are We In? Gender, Psychopatology and the Brain, American Journal of Psychiatry, 1997; Vol. 154, No 12: 1637-1639.
      2. Dio Bleichmar, E., "El Sistema Sexo-Género" en Vidal, Alarcón, Lolas, Enciclopedia Iberoamericana de Psiquiatría, Ed. Panamericana, Buenos Aires, 1995, 676-679.