Nº106 - Volumen XXIII - Noviembre/Diciembre 2012
Dossier: “CUERPO, MENTE Y PSIQUIATRÍA”
  • Coordinadores: Santiago Levín y Alexis Mussa

Se suele señalar a René Descartes como el padre de la filosofía moderna, al fundar, a principios del siglo XVII, el denominado racionalismo occidental, que pone en el centro del foco filosófico el interés por el conocimiento (en oposición a la escolástica medieval en la que las verdades recibidas no eran objeto de crítica ni de revisión). Uno de los postulados del racionalismo, de enorme trascendencia para el tema que nos ocupa, es el establecimiento del dualismo mente-cuerpo. En efecto, este influyente pensador francés concebía al ser humano como formado por dos sustancias diferentes: la res cogitans (mente, pensamiento, alma) y la res extensa (el cuerpo).

La división alma-cuerpo que el racionalismo moderno instituye (aunque su origen es probablemente mucho más antiguo), impregna el pensamiento occidental y modela las concepciones ulteriores sobre salud y enfermedad.

No nos ocuparemos aquí de la historia (la historia de este fenómeno será objeto de otro dossier completo dado sus profundos alcances), sino de sus efectos en la situación actual: la medicina occidental divide lo mental de lo corporal, quedando dicha distinción por completo naturalizada. Una de las consecuencias del proceso de naturalización de un fenómeno es su consiguiente invisibilización. Ello equivale a decir que los médicos del siglo XXI hemos incorporado el dualismo mente-cuerpo como un escotoma en nuestra capacidad de análisis y comprensión de lo humano, en este caso en relación a los procesos de salud y enfermedad. Para nosotros es natural: hay un cuerpo, y hay una mente. Y son cosas separadas, que se estudian por separado por especialidades médicas separadas, y que luego en la clínica se “ven” por separado.

Un ejemplo evidente es la existencia de dos especialidades médicas diferenciadas para ocuparse de lo anatómico y de lo mental: la Neurología y la Psiquiatría, que coexisten en un estado de mínima comunicación entre sí (a tal punto que ni siquiera se organizan congresos conjuntos y las asociaciones profesionales no suelen contactarse para actividades académicas o de investigación). El conocido neurólogo y escritor inglés Oliver Sacks se queja, en uno de sus libros más conocidos (El hombre que confundió a su mujer con un sombrero), de que a partir de esta división ha quedado la Psiquiatría desprovista de cuerpo y la Neurología carente de alma.

Existen, entonces, dos epistemologías: una para lo mental, otra para lo orgánico (sea lo orgánico referido al “cuerpo” en general o al cerebro en particular), que coexisten, incomodándose la una a la otra en el estrecho sendero del paradigma médico actual. Los intentos terminológicos por unir ambas corrientes terminan en rotundos fracasos al amalgamar palabras que aluden (por separado) a una u otra epistemología: bio-psico-social, psico-neuro- inmuno-endocrinología, en donde los guiones vienen a confesar la existencia del mencionado escotoma, verdadero “agujero negro” en el paradigma médico (biomédico, para ser más precisos) en el que nos toca ejercer nuestra especialidad, la psiquiatría.

En esta oportunidad hemos reunido seis trabajos que reúnen dos condiciones: por un lado, son trabajos clínicos, es decir, que parten de la tarea y la preocupación por la práctica clínica; por otro lado, muestran de distintas formas la citada anomalía en el paradigma al seleccionar casos y diagnósticos donde la distinción entre lo mental y lo orgánico. no es del todo nítida. Lo que parece ser una cosa podría ser otra; lo que comienza de un modo puede luego evolucionar por otro carril epistemológico.

En el primer artículo, “Pseudodemencia depresiva”, Pablo Richly, Pablo Abdulhamid y Julián Bustin, establecen las características comunes y diferenciales de la depresión mayor y la demencia, mostrando las diferentes presentaciones clínicas, las neuroimágenes asociadas y otros estudios complementarios, así como el rol de la neuropsicología y el tratamiento específico para cada una de estas entidades clínicas.

Cecilia Peralta, en “Síntomas no motores neuropsiquiátricos de la Enfermedad de Parkinson”, describe la depresión, la demencia, las psicosis, la ansiedad y el trastornos del control de los impulsos y su relación con la Enfermedad de Parkinson.

En “Diabetes, alexitimia y depresión”, José Faccioli y colaboradores investigan acerca de la relación entre alexitimia y depresión en pacientes diabéticos, mediante una investigación realizada en el Hospital Italiano de Buenos Aires, mostrando cómo la alexitimia incide en la evolución de la enfermedad y la importancia de su detección.

María Soledad Álvarez, Julio Olmos y Hugo Pisa, en “Insuficiencia cardíaca y depresión desde una perspectiva biopsicosocial”, realizan una revisión bibliográfica donde abordan los aspectos biológicos y psicosociales que vinculan a ambas patologías.

En “De tal palo... ¿Tal astilla?”, Patricia Kaminker y Paula Marina Woloski ilustran acerca de la genética clínica en la práctica psiquiátrica, introducen ampliamente los conceptos más relevantes en genética, brindando herramientas al psiquiatra para poder reconocer situaciones clínicas que ayuden a establecer la necesidad de la interconsulta con el genetista.

Finalmente, en “Comorbilidad médica en los trastornos psiquiátricos”, Marcelo Cetkovich Bakmas y Dolores Cardona revisan las comorbilidades médicas de los trastornos psiquiátricos y el impacto en los pacientes, analizando los diversos factores que complican la salud física de las personas con diferentes patologías psiquiátricas.

Cuerpo y mente, mente y cuerpo. Un ida y vuelta al que los médicos occidentales estamos habituados, pero que querríamos superar.

Una apasionante tarea pendiente.

Una llamada de auxilio a la filosofía