VERTEX - Revista Argentina de Psiquiatría
  Nº105 - Volumen XXIII
Septiembre/Octubre 2012


   Descargue este número en su PC

  • SUMARIO:
    • REVISTA DE EXPERIENCIAS CLÍNICAS Y NEUROCIENCIAS

      • Trastorno por déficit de atención con hiperactividad/impulsividad: su diagnóstico y detección de comorbilidades
        Laura Silvia Visens     Leer Resumen

      • Caracterización epidemiológica de las hospitalizaciones por trastornos mentales y del comportamiento en niños y adolescentes en Córdoba, Argentina
        Mónica Edith Bella, Raquel Bauducco, Jorge Luis Leal, María Guillermina Decca     Leer Resumen

      • El siglo del receptor, historia de ideas que iniciaron la psicofarmacología
        Héctor Alejandro Serra, Daniel O. Fadel     Leer Resumen

    • Dossier: “ANTROPOLOGÍA Y PSIQUIATRÍA”     Leer Resumen

      • Antropología social y antropólogos de ayer y de hoy: del exotismo y la reciprocidad imaginada a las desigualdades cotidianas
        María Rosa Neufeld     Leer Resumen

      • Métodos cualitativos en psiquiatría: utilización del "relato de vida" para el estudio del suicidio en la vejez
        Gilda Mantaras, Daniel Matusevich     Leer Resumen

      • Psicoanálisis y antropología social
        Jens Ariel Thisted     Leer Resumen

      • Medicina del VIH-Sida, tratamiento antirretroviral, adherencia: una discusión sobre el cuidado de sí
        Susana Margulies     Leer Resumen

      • Entrevista a Miguel Mihanovich
        Santiago A. Levín


    • EL RESCATE Y LA MEMORIA

      • Entre la Epidemiología Psiquiátrica y la Antropología Cultural: Fernando Pagés Larraya, un pensamiento singular
        Norberto Aldo Conti

      • Lo irracional en la cultura
        Fernando Pagés Larraya




  • EDITORIAL
    En abril del año próximo tendrá lugar el XXVIII Congreso Argentino de Psiquiatría de la Asociación de Psiquiatras Argentinos (APSA) en torno al lema: “Estructura del síntoma y estrategias terapéuticas. La dimensión psicoterapéutica del rol del psiquiatra”. Una inmejorable ocasión para poner sobre el tapete un aspecto crucial del ejercicio de nuestra profesión en el momento actual.

    La aplicación de la psicoterapia fue desde siempre consustancial con el ejercicio de la psiquiatría. Desde el tratamiento moral de Pinel (cura psíquica, diría Johann Reil en 1803 en sus Rapsodien) hasta el psicoanálisis, y cualquier otra forma de influencia psíquica, técnicamente reglada y científicamente justificada, fue un componente de la función médica y, particularmente, de la especialidad psiquiátrica.

    Durante el siglo XX ese campo técnico fue progresivamente compartido por los profesionales de la psiquiatría con los psicólogos clínicos, como lógica consecuencia del común interés por los fenómenos psicopatológicos y su corrección terapéutica.

    Desde siempre la parte correspondiente a la adquisición de destrezas psicoterapéuticas ocupó un espacio indiscutido en la formación de los psiquiatras. Sobretodo durante las primeras tres cuartas partes del siglo pasado cuando la presencia de la fenomenología, y particularmente del psicoanálisis, como referentes teóricos, le dieron fundamento a la psicopatología dinámica. En ese contexto paradigmático, la combinación de psicoterapia de orientación psicoanalítica -con sus aditamentos de breve, planificada, focal, etc.- y psicofarmacología, junto a otras técnicas socioterapéuticas, constituyó el modelo de tratamiento más difundido de las enfermedades mentales.

    Pero, en las últimas tres décadas se ha visto a nivel mundial una disminución en la intensidad de la formación psicoterapéutica de los psiquiatras. Esto se expresa en los contenidos curriculares de las carreras universitarias de especialistas y de las residencias -es cada vez menor, por ejemplo, el número de los psiquiatras en formación que considera que un psicoanálisis personal es indispensable para su futura práctica- generando un acantonamiento de la actividad terapéutica de los psiquiatras en la mera administración de medicamentos y la indicación de directivas conductuales. Afortunadamente, en nuestro país, esa tendencia, si bien se insinúa de manera preocupante, no ha alcanzado una alta adhesión; quizás por la fuerte impronta de nuestra tradición psi.

    El diseño asistencial en el que “el psiquiatra prescribe medicamentos y el psicólogo habla con el paciente”, fue impulsado por una concepción reduccionista biológica que da una prioridad a la corrección farmacológica de los trastornos mentales desvalorizando la inclusión de los aspectos subjetivos en su diagnóstico y tratamiento. No es de poca importancia señalar que este modo de entender la atención en la especialidad ha sido considerado funcional a la concepción economicista de los servicios gerenciados de salud; y también encuentra en el imaginario de la cultura contemporánea sus puntos de apoyo. El fenómeno que hemos apuntado en relación a la formación de los nuevos psiquiatras, encuentra su justificación en los factores así enumerados. Dejar de lado ese aspecto de la formación es dejarlo de lado en las prácticas posteriores del ejercicio profesional. Renunciar a él es imposible sin recortar la riqueza y amplitud del campo clínico y quitar espesor humano a la consulta. El psiquiatra no puede ni debe renunciar a la dimensión psicoterapéutica de su rol.

    Cualquiera sea la escuela psicoterapéutica a la que adhiera es necesario que se forme y se entrene en esas técnicas, y explicite los fundamentos teóricos psicopatológicos que mejor expliquen sus hallazgos clínicos.

    Juan Carlos Stagnaro